OPINIÓN | ¿Será este el año 73 de Richie Porte?

Richie Porte después de su caída en el Tour

Sé que no hay ningún corredor como Don Luis Ocaña, siempre rebelde ante el sistema y las dictaduras, no solo ciclistas como la que impuso Eddy Merckx en los años 70, sino también de la Europa del siglo XX, y que es muy intrépido, atrevido y audaz poder siquiera imaginarme dentro de mi cabeza que Richie Porte pueda ser el Luis Ocaña de la actualidad. Por eso, antes de ultrajar con su nombre, perdóneme señor Ocaña, allá donde esté, por osar comparar a Richie Porte a usted.

Perdóneme señor Ocaña, allá donde esté, por osar comparar a Richie Porte a usted

Y es que, dentro de ese ADN, que tanto dio y robó a Luis, hay algo que se encuentra también en las instrucciones genéticas de Richie Porte. El destino. Siendo éste un tema de preocupación para casi todas las civilizaciones de la historia de la humanidad, de la que se llegó incluso a divinizar, parece que, como a Luis Ocaña en el pasado, a Porte no le preocupa lo más mínimo la burbuja de infortunio que le rodea en cada etapa de las grandes vueltas que disputa. En Australia, como viene siendo ya habitual, Richie se conjura, junto a sus compañeros y fieles escuderos, para que la nigromancia que siempre le acecha en los momentos clave, al igual que hacía con el corredor de Priego, se marche muy lejos de lo que él, en lo que a lo terrenal se refiere, aspira.

Seguramente la generación del sesenta, o como la quieren llamar ahora, Generación X, tienen un recuerdo imborrable, de esos, que aún pasando 40 años, siguen vivos en aquellos pequeños soñadores que vieron como su ídolo, vestido de amarillo y dando color en aquellos días grises de la dictadura franquista, cayó derrocado una vez más por el destino, por la maldita fortuna que se cruza sin haberla llamado. Un sentimiento que no será distinto en la memoria de los australianos, y que emana del duro y cruel sino que le toca afrontar año tras año a Richie Porte en la lucha por vencer, al menos una vez, a su particular «Canibal».

Solamente el orgullo y el carácter, que ensalzó la figura de Luis Ocaña en la memoria de tantos, es lo único que le queda al australiano para levantarse, a pesar de las duras caídas e imprevistos del destino, y seguir intentando algo tan deseado por muchos, y conseguido por tan pocos, como es estar en lo más alto del podio en los Campos Eliseos. ¿Será este el año 73 para Richie Porte?

 

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