OPINIÓN | «Van Der Poel puede hacerte perder un Tour»

Van Der Poel gana la 5 etapa de la Tirreno - Adriático

Se escuchan gritos en uno de los coches del pelotón. No es el de Jumbo. Tampoco el de INEOS. Ni siquiera el de Astana, que aún no tiene ninguna victoria en lo que va de año. Es el coche de Alpecin – Fénix. Es Christoph Roodhooft. El compatriota de Van Der Poel intenta calmar el espíritu indomable del nieto de Poulidor. Pero es imposible.

Él mismo sabe que algún día ese motor estallará antes de llegar a meta, pero a él le da igual. Él lo intenta emulando a su abuelo. Al que le daba igual quedar segundo, siempre y cuando consiga conquistar los corazones de todos los espectadores. Un espectador que necesitaba de un ídolo como Van Der Poel. Un corredor que dejase de lado los potenciómetros y los datos y se guiase por su corazón. A pecho descubierto, un cara a cruz contra sus propias fuerzas. Porque aunque no gane y un día ese motor se gripe antes de llegar a meta, será igual de bonito, incluso más heroico.

Y este año debutará en el Tour de Francia. Carrera que glorificó a su abuelo, seguramente el corredor más amado de toda La Galia. Una carrera donde es tan importante saber dosificar, como atacar cuando tus rivales están pasándolo mal. Y eso último se le da muy bien a Van Der Poel. Bueno, atacar en general. Porque este no mira a sus rivales, él solo ve la meta, aunque esté a 60 kilómetros.

Sin dosificarse, porque seamos serios, el objetivo del holandés no es el maillot amarillo. Por lo menos de momento. Su objetivo es el de dar el mayor espectáculo posible. Y en esos ataques que destrozan pelotones alguno puede perder el Tour de Francia. Porque si una cosa le gusta hacer a Van Der Poel es la de aislar a los líderes, dejarles sin compañeros y que se la jueguen en un 1 vs 1 como los de antaño.

La época de los trenecitos de INEOS y Jumbo Visma puede haber llegado a su fin. Porque al ataque de Van Der Poel, le seguirá el de Remco Evenepoel, otro que no tiene miedo de estallar. Y al de Evenepoel le seguirá el de Marc Hirschi, otro caballo de carreras que pedalea con la lengua fuera en busca de la meta. Y por qué no ver a Tadej Pogacar o Egan Bernal saliendo de esos trenecitos y aventurándose con ataques tan lejanos como hemos visto en esta Tirreno – Adriático.

Eso sí, un paso en falso de uno de los aspirantes a ganar el maillot amarillo puede costarle muy caro. Porque Van Der Poel en sus ataques no solo desprende vatios, si no también pequeñas trampas. Seguirle no será fácil, pero es que además puede hacerte naufragar con un demarraje a mitad de camino. Y ahí, sin equipo y con la carrera lanzada, la losa que te puede caer puede ser mortal.

Y no solo eso, el desgaste que irán generando las aventuras de Van Der Poel hará que la última semana de la Grande Boucle se asemeje al ciclismo de los años 50. De uno en uno, pasando penurias y sobreviviendo. Se convertirá un Tour de Francia de supervivencia.

 

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