Tom Dumoulin, el último héroe trágico

Dumoulin Vuelta a España 2015

Es domingo. El Duommo de Milán se viste de rosa. Los italianos llenan la plaza de Milan, y entre toda la multitud se ve cómo luce la sonrisa de un holandés. Un tipo que sabe que el destino le persigue y que, por primera vez, ha conseguido vencerle. No sin antes sufrir. No sin que le atormenten los fantasmas del pasado. Es sin duda su gesta menos heroica.

Sí, han leído bien. Su gesta menos heróica. Es importante destacar que existe una diferencia entre el triunfador y el héroe. Al triunfador solamente se le mide por su palmares. Cuando deja de ganar su recuerdo se disipa, solamente queda latente en sobremesas donde el alcohol funciona como reminiscencia de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Sin embargo, el héroe, como ya se hablaba en la Antigua Grecia, necesita de un componente trágico. Para el héroe el resultado es lo de menos. Es el camino, la dificultad de conseguir algo imposible lo que le convierte en algo heroico. Y sin importar cuan de cerca pueda estar la gloria, el héroe acaba enfrentándose a un destino trágico. A un desenlace al que debe reponerse por muy difícil que sea, y aunque a veces sea imposible.

Y el héroe no abandona. Lo intenta y llega a su meta luchando contra todos los infortunios. Exhausto. Pero llenando y ganándose el corazón y el recuerdo de los espectadores, que saben que nunca podrán olvidarse de sus héroes.

El ciclismo es el escenario perfecto para crear esos héroes. Son muchos los que han desafiado a su mala suerte en este deporte. Ocaña, Pantani, Chiapucci, Bottechia, Major Taylor… Derrotados a veces, vencedores en otras ocasiones. Todos ellos tienen algo en común. Intentaron romper con lo establecido. Buscaron lo imposible, sin importar lo muy improbable que fuese, pero sobre todo, obviando el peligro que suponía aquella empresa.

Y en este grupo selecto se encuentra también Tom Dumoulin. Porque el holandés sabía lo que era desafiar una y otra vez al destino. Sabía de los riesgos que suponía vestirse de héroe. Y por supuesto, era consciente de que la tragedia, tarde o temprano, y como ocurre con todos los héroes, le acabaría matando.

Su primera toma de contacto con el heroísmo la llevó acabo en la Vuelta a España 2015. Nadie pensaba que aquel gigante holandés podía aguantar el maillot rojo toda la carrera. Nadie, solamente él, confiaba en poder conseguir la gesta. Una empresa prácticamente imposible, y más viendo que en aquella edición la participación era de lujo (Chris Froome, Fabio Aru, Joaquim Rodríguez, Alejandro Valverde, Nairo Quintanaetc…)

Pasaban los días, él resistía sin hacer mucho ruido. Con mucho esfuerzo. En ocasiones hasta agónico, pero estaba entrando en el corazón de todos los espectadores. No solo peleaba contra sus rivales, también estaba llevando acabo una lucha interna consigo mismo. La de no rendirse, la de mentalizarse que él tenía que hacer su carrera, sin fijarse en nada más que su respiración. Era el fiel reflejo del príncipe Héctor de Troya. Ganando batallas y resistiendo las embestidas de Aquiles. Pero acercándose a su trágico destino. El de morir en la última batalla cuerpo a cuerpo. Totalmente solo. Sin aliento. Superado por aquel que los dioses le dieron el don de escalar. No como a él, que le hicieron terrenal, pero que un día intentó desafiar a las leyes de la naturaleza.

La gloria de la victoria nunca fue suya. Él consiguió algo más importante. La etiqueta de héroe. Una etiqueta que le acompañó en toda su carrera, para lo bueno, como para lo malo. Y es que, como hemos dicho anteriormente, para el héroe la tragedia es un componente que siempre le acompaña. Y el de Dumoulin no fue la excepción. Aquel trágico final en la Morcuera le llevó a un caos mental del que no pudo vencer. Sus fantasmas le han acompañado siempre, haciéndole frágil, pero a la vez lo suficientemente terrenal como para ver en él un reflejo de lo empinada y dura que puede ser la vida.

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