Advertisements

Los abanicos provocaron un inicio de carrera trepidante

Con una estrella de cinco el Giro de Italia quiso calificar el nivel de la etapa de hoy. Pocos kilómetros, apenas superando los 140. Sin un metro de desnivel. Solo el viento podía darle un poco de emoción al día. Y así amaneció en Matera, con Eolo haciendo de las suyas. Algo que Deceuninck Quick Step no pasó por alto. Pistoletazo de salida y aquí no hay amigos.

52 kilómetros de media en la primera hora. Todo el mundo quería pasar para adelante. El pelotón se rompía y la radio no paraba de dar nombres y tiempos. Nibali, Kruijswijk y Almeida van por delante. A 20 segundos Fulgsang, Pozzovivo, Yates y Peio Bilbao se quedan. No hay tregua. No solo está en juego la general, también el sprint. Objetivo hacer daño al rival. Y da igual si eres Nibali o Sagan, el objetivo es hacer daño. Hay que debilitar al rival porque en el día de mañana no se sabe lo que va a pasar.

Entre tanto el viento cesa. Deja de soplar con tanta fuerza y esto permite que el grupo se vuelve a unir, aunque de manera provisional, porque a 45 kilómetros de meta vuelve a haber una nueva caída. Esta vez no por los famosos bidones, si no por las vallas publicitarias mal puestas. Y ahí se vuelve a romper el grupo que parece que no estaba destinado a acabar reagrupado. Filippo Ganna es el más afectado. Pierde más de un minuto y no puede acabar pillando al pelotón hasta los últimos kilómetros, donde después de darse palos durante todo el día deciden darse tregua.

Y así hasta el sprint donde no hubo mucha historia. Gaviria ni lo puede intentar, Sagan lo intenta, pero sus piernas no dan para más, y ahí, un Arnaud Demare va cosechando victorias como que no quiere la cosa y ya van tres en este Giro de Italia. Y como parece ser si nadie lo remedia el francés puede acabar con más de un lustro.

Advertisements
Advertisements

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: